Lun. Nov 11th, 2019

Asklepios

Revista de crítica y cultura

Y se Abrirán los Grandes Manicomios …

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Cierto día mi padre quiso que me vistiera de su novia, y me forzó a que en un altar teñido de sangre añeja le diera mi cuerpo fresco de rocío. Mi padre sólo quería que me convirtiera en su Hostia, para consumirla con culpa y morir tranquilo. Mi padre era un viejo soviético conservador. Mi padre amaba a las momias socialistas rabiosamente. Mi padre trabajaba para que el Ídolo Rojo llenara sus arcas con la pobreza más cínica, y así mantener a toda la población en el horizontal anonimato de la Patria Libertada (de todo desnivel sospechoso que “no marche”).

Pero me escapé de sus manos, que me tenían amarrada las córneas de los ojos a su horrendo sexo de utilería. Me escapé sacándolo de mi invierno para siempre. Ya no sopla un viento que da rodeos. Sopla un viento, y eso es todo. Fue un invierno que me ponía la sangre tan tremendamente lona.

Yo creo en himnos nuevos : -Y se abrirán los Grandes Manicomios, y entrará por ellos el Hombre Nuevo, purgado ya por siempre del horror de lo que “de verdad le conviene a la Historia”.

Todavía nos siguen los gendarmes, con fastidiosa desconfianza, sin soltarnos nada los confines de nuestro traspasado corazón. Ellos son la real Antipoesía. Desconfían de nuestro hombre interior. Desconfían de su capacidad para no dejarse agarrar ni ser la víctima de ningún control. Hoy son guardianes de las ideas del capital burgués. Mañana de las ideas comunistas. Pasado mañana de otra esclavitud utópica. Esos uniformes, en el fondo, no cambian su olor a hediondez.

Pero hoy se dicen anarquistas los que están encima de ideologías autoritarias. Empujando por entrar en sus calientes barrigas, y parasitar de nuevo.

Qué otro camino nos queda, entonces?? En qué otro abismo nos abismaremos esta vez, con ingenuidad y estupidez??

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