Lun. Nov 11th, 2019

Asklepios

Revista de crítica y cultura

COMER, O NO COMER… HE AHÍ EL DILEMA!

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Una de las maravillas de la vida, es poder disfrutar de los sabores, texturas y aromas de la buena mesa. La alimentación vista como un ritual, hace parte de todos los buenos momentos de la vida y a cada acontecimiento memorable, se le puede asociar un plato y/o postre específico. Son bien conocidos por todos: el bizcocho negro de matrimonio; la natilla, buñuelos y hojuelas de nochebuena y/o los banquetes de bautizos, fiestas de quinces, aniversarios y matrimonios.  Todos hemos disfrutado de ellos en buenos momentos y en buena compañía.

El comer era para mí, más un acto de puro placer que un deber de nutrición.  Pues, yo sé que hay que comer para poder vivir y que para pensar bien, desempeñarse bien y lograr buenas ideas hay que comer adecuada, variada y balanceadamente.  Yo no como carne y además, amo el agua, las frutas, verduras, frutos secos, cereales integrales y demás.  Y, debo admitirlo, me encanta la comida de mar y esa sí hace parte de mi dieta: salmón, langostinos, atún, pescados y demás.

Todo iba muy bien, hasta que tomé la decisión de hacer un curso de nutrición para aprender dizque a alimentarme “mejor” de lo que ya lo hacía.  En este curso nos hablaron sobre el índice de masa corporal, los riesgos de grandes perímetros abdominales, la fibra que hay que consumir, los probióticos, las veces que uno debe comer en el día, etcétera…  Y todo estuvo perfecto hasta que nos hablaron de las porciones recomendadas!

Mi índice de masa corporal, que aprendimos a calcularlo el primer día del curso, estaba muy normal.  Mi peso, mi perímetro abdominal y demás reflejan que tengo una buena salud.  Pero, cuando me dí cuenta de que las porciones que yo consumo son 2, 3 y hasta 6 veces más de lo debido; fue cuando empecé a padecer.

En mi opinión, hay que comer porciones indicadas y asociadas con el gasto calórico diario: no es lo mismo cuando nos quedamos sentados en el sofá, que los días que hacemos ejercicio durante varias horas.  Pero eso sí, en el curso que hice, lo de las porciones era como para enloquecerse.  El último día del curso, llevé un paquetico chiquito de mani sin sal y pasas.  El paquete no era más grande que la palma de mi mano… era como la mitad.  Cuando salimos al descanso y con la confusión que yo tenía respecto a las cantidades, le dije al profesor que si lo que llevaba estaba bien o que si me habían quedado muy pequeñas las porciones.  Apenas saqué mi paquetico del bolso, él abrió los ojos y me dijo: “Pero que es ese montón”!  Y acto seguido abrió la cartilla grandota titulada “Lista de intercambios” donde tienen todas las características de una larguísima lista de alimentos y me dijo: “Cada porción de pasas equivale a 10 pasas y cada porción de maní equivale a 9 maníes”.  Yo me fui hasta donde él estaba y mirando la bendita lista encontré que cada porción de almendras equivale a 45 almendras.  Yo le dije: “Pero Juan, quien entiende estas diferencias tan abismalmente opuestas” y el me respondió: “No Adry, eso está malo, lo que pasa es que ahí muchas veces inflan las porciones”. 

Me dejó azul y todavía lo estoy puesto que al contar cada alimento como si las calorías fueran centavos que valen billones cada uno, siento que he perdido el placer de comer y que además lo único súper permitido sin límites son el agua y las verduras.  Lo único buenísimo es que cada sábado cometo casi que mandatoriamente mi pecado mortal semanal imperdonable: una pizza pequeña.  Y antes del curso, semanalmente pedía domicilios, pero en el curso aprendí que era mejor la pizza casera preparada con muchísimos vegetales, queso light en baja cantidad y masa delgada.  Y no se imaginan cómo me están quedando de deliciosas mis pizzas… aunque sigo con el dilema: comer o no comer!

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