Lun. Nov 11th, 2019

Asklepios

Revista de crítica y cultura

L’Enfer de l’impression

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Los antiguos impresionistas sacaban esa luz extraña para sus cuadros, no del exterior que copiaban. La verdad es que la extraían de las letrinas de sus propias almas. Era una luz, efectivamente, bastante sucia, muy baja, si la comparamos con la verdadera, la que se asienta en el trono del corazón, entre copa y copa de magnética añadida. Porque esa siempre la desconocieron.

Los de la Impresión eran tipos desaseados. Siempre en sus bolsillos había un pan pudriéndose de hongos. Los simbolistas no, ellos nunca; eran más pulidos -porque obviamente el Símbolo lo exigía así, y debían obedecer y hacer brillar en ellos lo mejor. Siempre se les veía a esos con un jabón en su papel sedoso en las carteras. Y una sonrisa que les limpiaba el interior entero, a cada rato .

Los de la Escuela de la Impresión habitaban todo el tiempo un infierno de veras morboso. Lleno de luces no terminadas. Porque la verdad de todo infierno es esa: un paraíso de luces no terminadas. Si tan sólo hubieran coloreado sus espacios de vida con la luz acabada del Símbolo… Si así hubiera sido, esa Pintura y arte nos acogería en su seno hoy en día, en vez de la Biblia o el budismo o las drogas.

Ellos no fueron capaces, pero sí los posteriores, los que sí supieron hacerla con una naturalidad tan total… que hasta hoy nos asusta su acierto, y les agradecemos de forma sincera lo hecho. Pero resulta que para ellos no fue la misión. Y si hoy la confusión nos pone tontos y enfermos y reprimidos… ya sabemos la razón de tal decadencia.

Prefirieron los elegidos, en cambio, encenderse en esos fuegos de artificio, que sólo nacen del mezquino recinto irrespirable de la memoria de sus deseos. Prefirieron, de la forma más lastimosa, prenderse en ese fuego tan perenne, del que ya sabían de anterior que no saldrían más. Y del que quedaron tan presos, tan bastardamente… que ya no supieron apreciar la Libertad en absoluto. Ni la del mundo y su belleza, ni la del tiempo y sus círculos de plata, ni la de nada que existiera. Y ni siquiera la de ellos mismos.

Y ya sabemos qué camino en su historia siguió el Arte .

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