Dom. Ago 25th, 2019

Asklepios

Revista de crítica y cultura

Editorial: Dejemos atrás a los porteros

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Los yanquis les llaman los gatekeepers, la traducción literal es ‘portero’. Son los guardias de seguridad de todo lo que se publica en medios masivos, de los libros que se editan, de las películas que se filman, de los programas de televisión que se filman. En su origen, su rol era muy necesario, ya que ellos se encargaban de seleccionar material de calidad para su difusión y fueron ellos los que llevaron a grandes artistas y creadores a la gloria, como se ve en la película Pasión por las letras, que narra la historia de cómo el editor Maxwell Perkins levantó a Scott Fitzgerald y sobre todo a Thomas Wolfe. Sin embargo, Perkins fue el responsable de toda una dinastía de escritores norteamericanos del siglo pasado.

Así eran las cosas antes, en todos los campos de las artes y las comunicaciones. Por eso hubo eras doradas del cine, de la televisión, de la música, del comic y de todo lo que podamos imaginar. Hoy en día, sin embargo, las cosas son bastante diferentes. Los porteros de hoy rara vez dejan pasar a alguien que no represente intereses económicos o políticos y ya no están interesados en la calidad de lo que hacen. Por eso gran parte de la televisión es basura, los best sellers ganan mucho dinero, pero no valen nada, la música ha sido remplazada por el reguetón y el cine muestra superhéroes que defienden agendas políticas identitarias. El viejo Maxwell Perkins y muchos otros han de estar revolcándose en sus tumbas. En Chile, desde donde escribo, estos porteros además y sobre todo defienden intereses de determinados grupos unidos por la sangre, la clase social, una militancia política desprovista de todo contenido ideológico o intereses de grupos que simplemente defienden sus parcelas de poder y no quieren que entre nadie más para que pueda quitarles su trozo del pastel. No sea que aparezca alguien mejor que ellos y los relegue al olvido, no sea que alguien diga algo en contra del interés de los avisadores, no sea que alguien obstaculice una agenda política que solo busca la conveniencia de unos cuantos.

Su poder, sin embargo, se va perdiendo en la irrelevancia. YouTube, por ejemplo, superó en Chile el año pasado a los canales de televisión abierta sumados al cable. Junto a los medios oficiales, surgen nuevos medios que se disputan el poder y la voz en la plaza pública electrónica. No serán ya las vacas sagradas quienes digan qué es lo que se ve, se escucha o se lee. No dictarán la estética unos señores y unas señoras desde púlpitos de muy dudosas academias. La Intellectual Dark Web, esto es los intelectuales independientes que publican su trabajo online en diversos formatos, compite de igual a igual con académicos y podemos decir que está ganando.

Asklepios forma parte de esta arremetida y, desde sus humildes orígenes, quiere apropiarse de un espacio propio en las letras y la cultura hispanoamericanas, para convertirse en un referente ineludible de nuestras sociedades. Aquí están los creadores y aquí, tímidamente, se van sumando. Bienvenidos todos ellos y todos ustedes, el respetable público y, finalmente, nuestro único y verdadero juez, superado tan solo por la historia.

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